ASTRID
Había colocado la última flor en el centro de la mesa cuando escuché el crepitar del fuego en la chimenea, llenando el salón de un aroma cálido, familiar.
Todo tenía que ser perfecto. Esta noche era para él. Para Ronan.
Me alisé las manos nerviosas sobre el vestido azul oscuro que había elegido con tanto cuidado, de tela liviana y bordado en plata. Lo había tenido guardado para una ocasión especial, y ¿qué podía ser más especial que el cumpleaños del hombre que amaba.
Me rocié apenas un p