CAPÍTULO 40
ASTRID

El día era perfecto.

El sol brillaba alto, el aire olía a tierra mojada y flores silvestres, y el río corría cantando su canción de siempre entre las piedras. Caminaba a un paso tranquilo, siguiendo a Eunice, que corría adelante riéndose mientras Akmar trotaba detrás de ella, su melena dorada ondeando como una bandera.

Lucian no pudo venir hoy. Tenía un entrenamiento especial con Rambo. A veces me costaba creer cuánto había crecido ese niño en tan poco tiempo.

Suspiré, acomodándome la buf
Merfevi

¡¡¡¿QUEEEEEEEE?!!!!!

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