EUNICE
El dolor me despertó.
Una punzada en el hombro, ardiente y constante, como si una llama se hubiera incrustado bajo mi piel. Parpadeé con dificultad y lo primero que vi fue su rostro.
Leif.
Estaba justo encima de mí, su frente perlada de sudor, sus ojos fijos en los míos como si temiera perderme de vista un segundo más.
—Eunice… estás despierta —susurró, aliviado—. Tenemos que movernos. Ahora.
Intenté incorporarme, un quejido escapó de mis labios. Akmar estaba junto a mí, su cabeza sobre m