ASTRID
La gran sala del consejo estaba envuelta en un silencio denso, solo roto por el crujir de los pergaminos que Ronan desplegaba sobre la larga mesa de roble. Me quedé en pie junto a él, observando cómo marcaba con tinta oscura los puntos más vulnerables del quinto reino. Cada línea sobre el mapa era una promesa de batalla… y una posibilidad de pérdida.
—Estos son los flancos más expuestos —dijo Ronan, con la voz grave—. Las barreras mágicas de Naia son más débiles por aquí —señaló un punto