El bosque se tornó una jungla cenicienta en medio de la oscuridad. Cada árbol parecía retorcerse como si conociera la guerra que se avecinaba. Mis sentidos estaban en alerta máxima, cada fibra de mi ser despierta, tensa, encendida. Sobre Akmar, el León de Eunice, mi cuerpo vibraba con la presión de lo inminente. Sabía que cada paso nos acercaba más a la línea invisible donde el sigilo se convertía en batalla.
A mi alrededor, Ronan marchaba con su andar firme, los ojos como centellas enfocados a