AMBER
Desde siempre he tenido la sensación de pertenecerle a alguien.
Sabía que ya fuese un Duende, una criatura especial o lo que fuera, esa persona esperaba por mí, la otra mitad de mi alma.
Cuando cumplí los 16 años, papá me sentó y aclaró todas mis dudas, incluyendo quién era ese hombre misterioso, el Beta que siempre viajaba fuera del palacio y nadie nunca me hablaba de él, aunque pregunté demasiadas veces.
Mis primeras fantasías sexuales fueron con ese hombre desconocido, con ese nombre e