NARRADORA
Pero en el último segundo, Leonidas sintió el peligro respirando en su nuca.
Se giró para escapar por milímetros de un feroz ataque de garras.
— ¿Mi…Minatto? – no se lo podía creer.
Por entre las sombras, detrás de los Drakmor, comenzaron a salir guerreros, los mismos que deberían estar en la mina como esclavos, leonas y unos hombres raros que debían ser los extranjeros.
Esa era la razón de no sentir sus olores, los Drakmor los camuflaban con su fuerte esencia.
— Hoy es el último día