Horas después, en la otra parte de la mansión, la reunión de la manada se había convertido en un ambiente cargado. Irina, la loba omega, observaba a Vladislav desde su lugar, en la esquina de la sala, y no podía evitar sentirse desplazada. Desde que Adara llegó a su vida algo había cambiado. Él no tenía la misma atención con ella. Vladislav ya no la miraba de la misma manera, no la necesitaba de la misma forma. Irina podía sentirlo en el aire, era evidente la distancia creciente entre ella y el