La sala estaba sumida en un denso silencio, la tensión en el aire era asfixiante. Kam se encontraba de pie, frente a Christian, su figura imponente proyectaba una sombra que parecía envolver al propio líder de la manada Luna Roja. El rugido de las voces en la batalla aún resonaba en su cabeza, pero nada se comparaba con la ira que sentía en ese momento. La furia que lo embargaba era como una llama ardiente, iluminando la oscuridad de la sala.
Kam, con el ceño fruncido, se acercó a Christian con