El amanecer no trajo calma.
Las nubes pesadas se extendían sobre los valles como un presagio oscuro. El aire olía a hierro, a tormenta… a guerra.
Christian observaba el horizonte desde lo alto de la terraza del último nivel de su mansión.
Estaba a la espera de la confirmación que marcaría el comienzo de su plan. Su mirada estaba fija hacía el oeste, justo la dirección que lo ubica hacía el bosque élfico. El deseo de tomar posesión de lo que consideraba suyo ardía el su pecho con una furia conte