Irina se encontraba en su casa, sola, en silencio. No se contuvo, esperaba que en cualquier momento lograra contactar con Vladislav. Sabía que había salido de la ciudad, y aun así decidió ir hasta allá.
—El alfa no está —le dijo uno de los hombres que Vladislav dejó a cargo de la mansión.
Irina lo miró con desprecio, y siguió caminando.
—Yo sé. También es mi casa, ¿Lo olvidas? —le dijo con arrogancia y el mismo despreció con el que lo miró.
La mansión de la manada Drakos, siempre estaba llena