El aire fuera del juzgado era fresco, cargado de la brisa fría del mediodía de ese día. Adara avanzaba por la acera, mientras el sonido de sus tacones resonaban sobre el concreto, cuando una figura apareció frente a ella de repente, bloqueando su camino. Un suspiro de frustración escapó de sus labios antes de que pudiera detenerse por completo. Christian, con su actitud arrogante y sonrisa cargada de superioridad, la miraba como si hubiera estado ahí, esperándola desde siempre.
—¿A dónde vas tan