El amanecer llegaba lentamente, pero la luz no logró disipar la sombra que se había apoderado de Adara. La mansión donde llevaba unas pocas semanas, según lo que había visto, normalmente un refugio de fuerza y claridad, ahora se sentía vacía y distante. Adara caminaba por los pasillos en silencio, sin rumbo, perdida en sus pensamientos. La conexión con Vladislav, que días atrás le había dado seguridad, en ese momento le parecía un abismo insalvable. La confrontación de la noche anterior había d