Después del encuentro con Irina, Adara se mantuvo encerrada en la habitación. Se dedicó a revisar los correos de trabajo. Habló con su secretaria por teléfono, y luego se desconectó por completo para evitar recibir llamadas de Ionela. No se sentía preparada para darle explicaciones de algo que sabía su amiga jamás entendería, y que era evidente ella no aceptaba.
La noche cayó y estaba extrañamente tranquila, el tipo de calma que precede a lo inevitable, como si el aire mismo se contuviera, esp