La noche se cernía sobre Bruselas, oscura y fría. El aire fresco que se colaba por la ventana acariciaba la piel de Vladislav mientras se acercaba al edificio donde Adara vivía. A lo lejos, el brillo de las luces de la ciudad reflejaba la ansiedad que llevaba dentro. En su pecho, una presión creciente lo torturaba, como si algo lo empujara hacia allí, como si el destino le estuviera exigiendo que llegara cuanto antes.
No solo fue el aviso de Blade, había sentido la llamada de algo más profundo,