Y Vladislav sintió, por primera vez en siglos, algo parecido al verdadero miedo.
Mientras tanto a Ionela y Adara, el bosque las recibió como si hubiese estado aguardándolas desde antes de que nacieran.
El aire cambió apenas cruzaron la primera línea de árboles: más denso, más vivo, cargado de una vibración que parecía fluir desde la tierra misma. Ionela avanzaba con pasos seguros, como si recordara un camino que nunca había transitado.
—Esto es nuevo para mí —dijo Ionela—. Espero que estés segu