Sólo una empleada
El auto se detuvo frente a la clínica y Claudia bajó con Santiago tomado de la mano. Apenas había dormido; su mente no dejaba de dar vueltas en torno a la nueva vida que se abría ante sus ojos al defender a Paul Bellini. Santiago habia pasado la noche algo inquieto, despertó varias veces y ella tuvo que acompañarlo hasta que volviera a dormir.

—Buenos días, necesito ver al Dr. Violi. —dijo acercándose a la asistente del médico.

—¿Tiene cita para hoy? —preguntó la mujer.

—No... —respondi
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