Una pregunta muy seria.
La posada junto al lago tenía una terraza de piedra que colgaba suavemente sobre el agua. La lluvia había cesado hace apenas un par de horas, y el aire aún olía a tierra mojada y glicinas florecidas. Unas lámparas de aceite colgaban del alero, lanzando reflejos dorados que parecían bailar con la brisa.
Louis le ofreció la silla a Azalea con una reverencia exagerada y teatral.
—Mi dama, la constelación más brillante del pueblo —dice, guiñándole un ojo.
Azalea suelta una risa tímida, acomodando c