Al día siguiente, los piratas fueron conducidos al gran patio del castillo, donde los esperaba el general Estefan, hermano mayor de Roderick, rodeado de oficiales y escribanos. El sol pegaba fuerte sobre las cabezas de todos, pero los ánimos estaban más tensos que el aire cálido que vibraba sobre las piedras.
Louis y Felipe, impecables con sus uniformes de gala y el escudo del reino bordado en oro, se adelantaron al estrado donde Estefan examinaba los documentos de los prisioneros.
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