La boda de Wismeiry y Estefan fue todo lo contrario a la pomposidad que caracterizó la unión de Azalea y Roderick. Se celebró en los jardines interiores del ala norte del castillo, con flores silvestres, un laúd tocando suavemente y unos pocos amigos cercanos. Tal como Wismeiry había pedido.
—No quiero fuegos artificiales —había dicho—. Ni coros de niños, ni fuentes de chocolate. Quiero paz... y no morir desangrada en mi noche de bodas.
Azalea, quien era su dama de honor, casi se atraganta de