Wismeiry se miraba al espejo por décima vez esa mañana, sujetándose el vientre con una mezcla de asombro y emoción.
—¿Y si también son dos? —murmuró para sí misma.
La noticia aún la tenía en las nubes. No había duda, el cansancio, las náuseas matutinas y ese sexto sentido que tenía le gritaban lo evidente: estaba embarazada. Con una sonrisa iluminando su rostro, tomó su capa y se dirigió al castillo a ver a Azalea.
Azalea estaba recostada entre cojines mullidos, con su panza ya evidente ma