Me senté en la cama, inquieta, esperando a Giorgio. Mi mente no dejaba de dar vueltas alrededor de lo que Lidia me había dicho. ¿Por qué no me había marcado? ¿Acaso no era lo suficientemente importante para él? ¿O simplemente no quería atarme de esa manera? Tal vez me lo había mencionado antes y yo no lo recordaba, o quizás era algo que él prefería mantener en secreto. ¡Dios! Me estaba volviendo loca. Cada minuto que pasaba sin respuestas era una tortura.
Entonces, escuché la puerta del apartam