Los días pasaban y yo sentía que me ahogaba en mi propia impotencia. Giorgio seguía negándose a darme la información que tanto necesitaba. Cada vez que le preguntaba por las próximas subastas, su respuesta era siempre la misma: un "no" rotundo, firme, haciéndome sentir tan impotente.
—Es demasiado peligroso, y tu no conoces a esas personas, asi que deja de ser tan terca—me regaño. —No quiero que te involucres más.
—por favor, tu me dijiste que me ayudarías— le recordé.
—Confía en mí, ya me enca