El lobo no se movió cuando nos acercamos.
Eso era extraño por sí mismo.
Un animal que no conoce a los que se acercan y no retrocede ni avanza es un animal que ha tomado una decisión, y las decisiones en ese contexto son dos: ataque calculado o rendición calculada. El lobo no olía a ninguna de las dos.
Olía a agotamiento. A distancia recorrida. A algo que viaja desde muy lejos durante mucho tiempo y ha llegado donde quería llegar y ahora lo único que le queda es esperar que lo que encuentre valg