Killian
La habitación estaba en silencio absoluto, pero en mi cabeza, el ruido de las decisiones chocaba sin cesar. No me costaba reconocer lo inevitable cuando la situación era tan clara: Ariana había caído en la trampa. Había recibido la oferta que todos temíamos, esa que había estado rondando nuestras sombras desde el principio. La facción rival había dado el siguiente paso, y era mi culpa que estuviera ahora entre la espada y la pared.
No la culpaba. No podía. Sabía lo que estaba pasando. S