Killian
El sonido de la lluvia golpeando los ventanales debería ser relajante. Algunos dicen que es terapéutico. Para mí, esta noche, es una jodida tortura. Como si el cielo también estuviera llorando lo que yo no me permito soltar.
Ariana se ha ido.
No en cuerpo —aún camina por esta casa como un fantasma que se niega a desaparecer—, pero su mirada... su silencio... son mil veces más crueles que una puerta cerrada de golpe.
Desde que encontró esa maldita carta, no ha vuelto a mirarme de verdad.