Killian
No me gustan las sorpresas. No cuando se trata de guerra, no cuando se trata de lealtad. Y mucho menos cuando las sorpresas vienen con el sabor amargo de la traición. Los vientos de la traición siempre huelen a algo podrido, algo que debería haberse visto venir, pero que, por alguna razón, no se detectó hasta que es demasiado tarde. Como ahora.
La batalla con la manada rival ha alcanzado niveles que no esperaba. Cada paso, cada movimiento, cada ataque parece estar calculado para hundirm