Javier no asimilaba la noticia. ¿Cómo podrían haber desaparecido de su casa los trillizos?
—¿Qué sucede? ¿Por qué no me dejas hablar con mis hijos?— Cuestionó Valentina al ver que la llamada terminó.
—Yo… iré a casa un momento. Tú quédate aquí.
—No. Ya tengo el alta, iré contigo para llevarme a los niños porque esta tarde saldremos de la ciudad. Tengo un mal presentimiento, temo que les pase algo si están expuestos al mal que rodea a su padre—. Acusó.
—No podrán salir.
—Tú no me dirás que hac