Mientras padre e hijo sostienen una amena, comprometedora y entretenida conversación, Anastasia está detrás de la puerta escuchando todo. Ella no era consciente de que su hijo era tan infeliz por no tener una figura paterna que lo pudiera representar en su escuela frente a sus compañeros. Una lágrima rodó por su mejilla, la limpió con el dorso de la mano y ahora está dispuesta a hacer lo que sea para que su pequeño muchacho sea lo más feliz que se pueda.
Incluso, ahora está dispuesta a convivir