Luego de un silencio aterrador, Eliam rio a carcajadas. Sabía que no tenía nada de perder si la amenazaba con dinero, algo que ella no podía conseguir de la noche a la mañana.
—Atrévete a delatarme, total, no creo que tengas el dinero suficiente para regresarme todo lo que te he pagado por adelantado y de lo cual, seguramente ya no tienes ni un centavo.
—¡Idiota! —lo insultó con el corazón, rechinando los dientes y dando golpes con su pie en el suelo, aunque sabe que hacerle un berrinche a su