Capítulo 93. Rumbo al infierno.
Elizaveta.
El jeep olía a sudor, tabaco y miedo. Mi miedo.
El motor rugía como una bestia enjaulada, devorando kilómetros de carretera oscura. La lluvia azotaba el techo de lona, cada gota sonando como un dedo acusador. Traidora. Inútil. Condenada.
El auto avanzaba como una jaula de acero sobre ruedas. Edoardo no dejaba de mascullar palabras y maldiciones entre dientes. Me dolía el cuerpo. El brazo. El orgullo.
Las lágrimas bajaban sin permiso, como ríos de rabia contenida. La puerta vibraba