Capítulo 29. Nadie me la arrebatará.
Dominic Ivankov
El teléfono temblaba en mi mano, mientras escuchaba a Irina.
Su voz se arrastraba en mi oído como una serpiente envenenada, deslizándose entre mis pensamientos con la precisión de alguien que conocía cada uno de mis demonios.
“¿Cuánto tiempo crees que tardes en hacer lo que debas hacer con esa niñita?”, preguntó la mujer con un tono indolente. “Porque Dominic, ya es hora de que nos casemos. Mi padre quiere que fijemos una fecha. He tratado de contenerlo, pero no creo que pueda