—Kael.
La voz lo arrancó del recuerdo con la fuerza de un gancho al hígado. Parpadeó, encontrándose parado en medio del pasillo, con las mejillas húmedas.
M****a. ¿Había estado llorando?
Elyra estaba frente a él, con los ojos ensanchados por la preocupación. Tenía tinta fresca en sus dedos—siempre tenía tinta en sus dedos—y una mancha en su mejilla donde había rozado su rostro sin pensar.
—¿Estás bien? He estado llamándote durante—
—Estoy bien. —Su voz salió más áspera de lo previsto—. Solo... e