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Lo primero que Draven sintió fue frío.

No el frío de temperatura baja. Algo más profundo. El frío de no-existencia. De estar en un lugar donde la carne no tenía significado.

Draven abrió ojos que ya no eran ojos y vio el espacio liminal.

Era como Elyra lo había descrito: capas infinitas de realidad superpuestas, cada una vibrando a frecuencia diferente. Podía ver a través de todas simultáneamente—Aerisport arriba, los túneles debajo, el templo donde su cuerpo había dejado de existir.

Y más allá, algo más. Algo que pulsaba con hambre antigua.

Netharan.

Podía sentir al dios incluso desde aquí. No como presencia sino como ausenci

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