Cap. 33. Doblegar o ser doblegado.
POV. Aris
Maite… Maite… Esa desgraciada no salía de mi cabeza. ¿Cómo se atrevió a abofetearme? ¿Cómo se atrevió?
Habían pasado más de diez horas, pero el ardor de su mano seguía impreso en mi piel como una marca de fuego. Respiraba como un toro irritado, consumido por la rabia, y ni siquiera dos horas en mi gimnasio personal lograban calmarme.
Llevaba rato entrenando con furia descontrolada, haciendo dominadas hasta que mis músculos ardieran, castigando mi cuerpo con la esperanza de que mi ment