Cap. 157. Hermano de alma, no de amor.
Alexandros no respondió de inmediato. Caminó hasta quedar a pocos pasos, con las manos en los bolsillos de su pantalón de lino blanco y esa postura arrogante, pero elegante, que tanto lo caracterizaba.
Sonrió apenas, como quien mide las palabras antes de dispararlas.
—No. Solo salí para agradecerte... por cuidar de mi mujer mientras yo no estaba —dijo con voz grave y un tanto amenazante—. Y también para dejarte claro que nunca más vuelvas a tener esperanzas con ella.
Javier lo miró de frente.
—