Cap. 32. Nada que negociar.
POV. Maite.
El ascensor tardaba demasiado en bajar. O tal vez no, pero mi desesperación hacía que cada segundo se sintiera eterno.
Con el corazón latiéndome en la garganta, decidí no esperar más y me eché a correr por las escaleras. Subí como una loca, escalón tras escalón, con el aire ardiendo en mis pulmones.
Javier me seguía de cerca, igual de agitado, pero completamente confundido por mi actitud frenética.
Cuando por fin llegué frente a la puerta del apartamento de Leonardo, no me detuve