Cap. 16. Envidia en su máxima potencia.
Narrador omnisciente.
Marina la interrumpió bruscamente, incapaz de contener su incredulidad.
—¡No! Eso es mentira. Maite, no podría pagar una suite —exclamó, sintiendo cómo su sangre hervía ante la idea de que su hermana estuviera disfrutando de semejante lujo. Para ella, era inconcebible.
La recepcionista, incómoda por la reacción de Marina, aclaró con paciencia forzada: —Sí, pero como le decía, la señorita Maite se encuentra en el bar. Su último registro fue allí y, según veo en pantalla