Cap. 141. Te dejo vivir… para que recuerdes.
Al oír la voz débil, apagada y rota de su madre, se dio cuenta de que no era la misma que recordaba.
Se quedó en silencio unos segundos, tamborileando con los dedos en su muslo derecho, dudando si debía hablar o colgar. Finalmente, respiró hondo.
—L-Lucia… soy Maite —balbuceó, casi en un susurro.
Del otro lado, un sollozo ahogado interrumpió el silencio.
—Maite… hija… pensé que nunca más volvería a escucharte…
Ella cerró los ojos con fuerza y su corazón se endureció en un segundo.
—No te alegre