Cap. 123. No fue perdón, fue humanidad.
Narrador omnisciente.
Maite soltó el aire como si hasta ese momento no hubiera respirado.
—¡Dios, ahora qué haré!— exclamó totalmente asustada, pensando que esos autos que se detuvieron junto a ella eran los hombres de la familia de Helena.
Pero cuando vio que los hombres que bajaban de los autos eran los escoltas de Alexandros, sintió que las piernas por fin le respondían. Y al verlo corriendo hacia ella, algo en su pecho se rompió.
Sin pensarlo, echó a correr también, temblando, y se arro