CAPÍTULO 83 — La Sinfonía de los SIETE (parte II)
— Están intentando flanquearnos por el cauce bajo —susurró Kerana, sus garras hundidas en la corteza del árbol, transmitiendo a Tao la vibración de las turbinas hidráulicas que golpeaban el río— Siento el acero surcando el agua. Son barcazas pesadas.
Tao cerró los ojos, sus pupilas blancas brillando detrás de los párpados.
«Mainumby. Es tu turno. El río es tu altar y ellos son la ofrenda», proyectó Tao, su voz resonando en el núcleo del cerebro