CAPÍTULO 84— El espejo de Sangre
— Está ahí dentro —el pensamiento de Tao vibró en la mente de Kerana como un eco metálico— Puedo sentir su arrogancia. Es un vacío frío, una mancha de aceite en el tejido de la realidad.
— Huele a muerte vieja —respondió la Loba Blanca, sus patas golpeando el suelo con la fuerza de un martillo— No es el olor de un lobo, Tao. Es el olor de un cementerio de elefantes.
Llegaron a la esclusa principal. No buscaron códigos ni llaves. Tao colocó su mano sobre el pane