CAPÍTULO 71— El regreso de los condenados
— ¡Están aquí! —gritó finalmente un joven, y pronto, una multitud empezó a congregarse.
En el porche de la casa Alfa, Iker esperaba. No se movió. Permaneció de pie, con los brazos cruzados y el rostro tallado en granito. A su lado, Arasy se tapó la boca con ambas manos, sus ojos dorados inundándose de lágrimas al ver el bulto que su hijo menor cargaba.
— ¡Irupe! —el grito desgarró el aire.
Yvyra irrumpió entre la multitud con la fuerza de un vendaval. S