CAPÍTULO 70 – El eco de las Cenizas
Arriba, en las pasarelas, los francotiradores de la Guardia Negra intentaron recargar sus rifles de plata fundida. Eran hombres entrenados para no sentir miedo, inyectados con sueros que anulaban la vacilación humana. Sin embargo, cuando Tao levantó la vista, el tiempo pareció detenerse para ellos.
— Silencio —murmuró Tao.
No fue un grito, sino una orden mental que golpeó el éter con la fuerza de un mazo de hierro. Tao no solo entró en sus mentes; las invadió