La casa donde Mateo Mondragón había vivido los últimos veinte años de su vida estaba a cuarenta minutos de la ciudad, en una zona donde los edificios cedían espacio a árboles y el ruido del tráfico llegaba amortiguado por suficientes capas de vegetación para que pareciera de otra vida.
Sebastián le propuso ir el sábado siguiente, sin más contexto que: «Hay algo que quiero mostrarte.»
Valentina fue porque aprendió hace tiempo que las propuestas de Sebastián sin contexto eran invariablemente más