A los ocho meses, Camila Reyes Mondragón se puso de pie.
No fue un proceso gradual ni un movimiento anunciado. Fue la decisión súbita de alguien que ha estado observando el mundo desde abajo durante suficiente tiempo y ha llegado a la conclusión de que hay una perspectiva mejor disponible y no hay razón para seguir ignorándola.
Apoyó las dos manos en el borde de la mesa baja del salón — la que Valentina usaba para los bocetos físicos y que había aprendido a mantener despejada de cosas frágiles