El mensaje llegó a las once de la noche del miércoles, cuando Valentina ya había dado por terminado el día de trabajo y estaba en la cama con el libro que llevaba tres semanas leyendo a un ritmo de diez páginas por noche, que era el ritmo de alguien que quiere leer pero tiene otras cosas que el cerebro considera más urgentes en cuanto la luz baja.
Sebastián estaba a su lado con lo que oficialmente era un informe de gestión pero que Valentina sospechaba que era en realidad el mismo informe que h