Gloria Reyes llegó un jueves con una maleta mediana, tres tuppers con comida que había preparado en casa con la explicación de que «uno nunca sabe cómo alimentan a los bebés en Japón» — argumento que Valentina no había podido refutar completamente porque era técnicamente correcto aunque las probabilidades de que Camila padeciera desnutrición en Tokio eran estadísticamente mínimas — y la energía específica de alguien que ha decidido que el cáncer no le quitó el tiempo que el mundo le debía.
Vale