Marco Mondragón apareció un sábado con planos extendidos bajo el brazo y la energía específica de los arquitectos cuando muestran trabajo que les importa de verdad: una atención diferente en los ojos, una manera de moverse alrededor de los planos que es mitad presentación y mitad conversación con el objeto mismo.
No era inusual que apareciera los sábados. Había encontrado su lugar en la órbita del piso cinco con la naturalidad de algo que siempre debió estar: sin exigir espacio pero sin tampoco