—Hijo de… —musita con desprecio al escuchar la forma tan despreciable en que Adriano se expresa de la rubia.
«¿Retocar qué? ¿Acaso eres ciego? Ella es jodidamente perfecta».
—Si me disculpan, necesito ir al tocador.
Son las palabras con las cuales Thalia interrumpe el pensamiento de Leonardo. Solo una mirada rápida a la más baja le es suficiente para notar lo afectada que se encuentra por los comentarios despectivos sobre su imagen. Al verla abrir la puerta, se apresura a ir tras ella, siguiéndo